Mostrando entradas con la etiqueta Escuela de Padres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escuela de Padres. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de mayo de 2015

Nuestros pequeños especialistas

Hoy queremos hacer un homenaje a esos pequeños autistas con sus grandes capacidades.Vamos a ver de una manera divertida esas habilidades que tienen muchas personas con autismo, que pueden tener muchísimo potencial.
Fundación Orange, dentro de su labor por mostrar el conocimiento del autismo a la sociedad, nos muestra este cortometraje de animación realizado por el dibujante Miguel Gallardo, padre de María, una niña con autismo sobre la cual hay una película, os la aconsejamos, se llama "María y yo".



Para acabar de sorprenderos os dejamos otro video de un chico autista que tiene una capacidad totalmente asombrosa.


sábado, 2 de mayo de 2015

¿Por qué los niños tienen rabietas?

Cuando hablamos de rabietas infantiles, por lo general, solemos hacerlo desde la perspectiva negativa de las mismas. Estamos acostumbrados a ver información y consejos para calmarlas, evitarlas o gestionarlas, pero pocas veces se nos explica que detrás de las rabietas infantiles existen razones importantes que las hacen necesarias. ¿Sabes por qué es importante que un niño tenga rabietas? 

La parte positiva de que los niños tengan rabietas

Es conocido que a partir de los 2 años los niños entran en una fase de oposición sistemática y terquedad. Es justamente a esta edad cuando empiezan las tan temidas rabietas, momento en el cual los padres buscamos rápidamente técnicas para evitar que se produzcan. Sin embargo más que buscar remedios para evitarlas o eludirlas deberíamos empezar por entender por qué se producen y verlas como una oportunidad para educar emocionalmente a nuestros hijos, para que entiendan los límites y desarrollen habilidades sociales que necesitarán en un futuro no muy lejano.

Las rabietas infantiles son normales, necesarias e indicativas de un correcto desarrollo de nuestros hijos entre los 2 y 5 años. A esta edad es absolutamente normal que los niños tengan rabietas. Si bien es cierto que debemos tratarlas de un modo diferente según el nivel de edad de cada niño, a estas edades por sí mismas las rabietas no son indicativas de ningún trastorno.

Las rabietas según la edad de los niños



- Un niño de 2 años con rabietas es un niño en plena formación y desarrollo de su yo, de su  personalidad que explora sus límites y los de los demás.

- Entre los 2 y los 4 años los niños inician una etapa donde necesitan autonomía e independencia para explorar y entender el mundo que les rodea. Es esta necesidad creciente de autonomía la que generará multitud de situaciones en las que el niño se siente frustrado. En otras ocasiones veremos que necesita reivindicarse, expresar sus necesidades, sus gustos o inapetencias, de ahí tantas negativas y del no sistemático a todo durante esta etapa.

A esta edad, el desarrollo del lenguaje expresivo y comprensivo es otro factor que índice en la aparición de las rabietas. Durante este periodo los niños aún no tienen la capacidad suficiente para expresar con palabras todo aquello que pretenden o necesitan. Pero tampoco entiende todo cuanto les decimos del mismo modo que lo hace un adulto. No son capaces de tolerar la frustración y les resulta complicado comprender que no pueden tener siempre lo que quieren. Tampoco son capaces de verbalizar lo que desean, por lo que el resultado es la fórmula ideal para que tenga lugar la pataleta, berrinche o rabieta. Los padres o adultos de referencia debemos aprovechar estas ocasiones para poner palabras a sus emociones y ayudarles en su avance. 

Qué aprenden los niños con las rabietas

- Tras una rabieta el niño comprende los límites, aunque esto no quita que siga probándolos una y otra vez. 

- Tras las rabietas existe el desarrollo de una habilidad social imprescindible: saber decir no,  expresar su desagrado, frustración o incomodidad.  Somos nosotros, los padres, quienes tenemos el deber de enseñarles poco a poco, dar nombre a sus sentimientos y emociones ayudándoles a desarrollar su inteligencia emocional.

Fuente:Guiainfantil.com

jueves, 30 de abril de 2015

¿Falta de atención o falta de interés? ¿Cómo despertar la curiosidad en los niños?



Es habitual escuchar a los padres aconsejar a sus hijos, en la puerta de la escuela antes de ingresar, “Presta atención, hazle caso a la maestra”, “Por favor concéntrate”, deseando que está vez el niño le haga caso y no genere problemas.
También se escucha a los maestros y profesores en las aulas, exigir: “¡Presten atención!”, “¡Por favor, silencio y escuchen!”, “¡¡Sentados!!”, o pedidos similares.

La atención no se pide, el silencio no se exige, la concentración no se fuerza. Son estados anímicos que se generan, se ganan, se conquistan. Si un niño tiene curiosidad, si le gusta lo que mira y le llama “la atención”, lo querrá aprender, y naturalmente, va a disponerse a escuchar en silencio, con atención y concentración.

La atención es un resultado de un proceso, de un clima del espacio en donde están niño, educador y lo que se quiere enseñar.

Por supuesto que un maestro puede pedir y exigir respeto; también es correcto que un padre le recuerde al niño que debe ser considerado, hacer caso, prestar atención. Pero, si esto se reclama verbalmente desde afuera, el niño solo lo percibirá como un deber impuesto.
Si no hay una motivación, algo que lo toque anímicamente, no surgirá el compromiso desde adentro; a lo sumo, el niño se mostrará obediente y en aparente atención, para no recibir un castigo posterior.

¿Cómo despertar la curiosidad?

La neuroeducación es la ciencia que estudia el funcionamiento del cerebro, y aporta conocimientos para ayudar, a niños y sus educadores, en su proceso de aprendizaje y enseñanza.

La nueroeducación ha demostrado que desde la anatomía y funcionalidad del cerebro, la emoción y la razón están ligadas. Es decir, que no se puede aprender algo, si no se siente nada por ello. A lo sumo, algo puede ser memorizado abstractamente, pero si esto no tocó emocionalmente nada dentro del alumno, lo olvidará en el tiempo.

Dicho desde un lugar científico, toda información sensorial, aquello que entra por el oído, vista, olfato, tacto, gusto, antes de ser procesada por la corteza cerebral (áreas del cerebro destinadas a los procesos mentales y cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un sentido emocional: un gusto, placer, una relación con algo propio, simpatía.
Una vez que el cerebro límbico aceptó gustoso el ingreso de la información, permitirá su paso a la corteza cerebral, la cual admite el aprendizaje desde la razón.

En otras palabras, la información llega desde afuera, golpea las puertas de las emociones. Si estas se despiertan, el niño se entusiasma, siente alegría, placer por lo que escucha, ve, toca.
Si el niño se entusiasma, se interesa. Si el niño se interesa, está listo para aprender, memorizar, fijar ideas y conceptos de forma natural y no forzada.

Seguramente ustedes recordarán, en su infancia, aquel profesor o pedagogo que los llevó a dar un paseo y les enseñó sobre el ecosistema; o cuando hicieron un experimento y se sintieron tan entusiasmados que nunca olvidaron su resultado. Seguramente también recuerdan aquel maestro apasionado, que los hacía reír, los hacía sentir, y sus clases eran maravillosas, y maravillosas eras las notas de las evaluaciones, ¡y no les costaba estudiar y aprender!

 

Ese maestro les hizo sentir y amar lo que les quería enseñar.

Lo que enciende el aprendizaje es la emoción, que despierta curiosidad y, luego, la atención. Insisto, la atención no se puede producir simplemente demandándola, exigiéndola; menos aún, la curiosidad. Hay que despertarlas desde dentro del que aprende.

La neurociencia demuestra que es más sencillo y fácil aprender, prestar atención, despertar la curiosidad, si aquello que me quieren enseñar, me toca por adentro, me hace sentir, me despierta amor.
Cuando el amor se hace presente, los ojos de los niños brillan repletos de curiosidad y alegría, y eso es el combustible que los impulsa a aprender.

Por supuesto, sepan que puede haber otros factores afectando el cerebro del niño, e imposibilitando un proceso de aprendizaje saludable. Las horas de sueño y descanso, mala alimentación, excesivas horas frente a una pantalla, vivencias estresantes en la familia, son algunas de ellas.
Un buen docente, un docente capacitado, emocionalmente comprometido con lo que hace, con vocación y dedicación, puede estar dando todo, pero se empieza en la casa. Si el niño no descansa bien, las horas que necesita, no come saludablemente, pasa sus horas libres delante de la pantalla, o sufre situaciones de estrés en su hogar, no estará disponible para aprender, para razonar, para prestar atención.

Entre padres, maestros y terapeutas compartimos un compromiso. Si entre todos somos conscientes y amamos lo que damos, el niño naturalmente crecerá, y aprenderá.


Por último, recordemos que no solo somos seres emocionales y racionales. Esto, está recubierto y permeado por un Espíritu. Somos seres espirituales, emocionales y racionales, en un cuerpo físico. Estos cuatro pilares nos conforman, nos abarcan, y necesitan de buenas experiencias para evolucionar desde el amor y la alegría.

Fuente: caminosalser.com

miércoles, 29 de abril de 2015

La llegada de un nuevo hermanito


La mayoría de las veces, la llegada de un hermanito genera en el pequeño sentimientos encontrados: desde alegría y emoción por tener con quién jugar, hasta sentir enojo y rechazo por él, ya que tendrá que compartir sus cosas y, sobre todo, la atención de sus papás.


Ten en cuenta que son sentimientos y emociones que tu hijo aún no logra identificar ni expresar de manera adecuada, por lo que podría empezar a tener rabietas, mostrarse desobediente, triste o regresar a tener conductas que ya había superado, como chuparse el dedo, querer mamila o pedir que le hagas todo. Ante ello, respira y recuerda que tanto tú como él/ella están pasando por un periodo difícil de adaptación al cambio por la llegada de un nuevo integrante.



Para empezar, ayúdale a reconocer sus sentimientos con preguntas como “¿Qué es lo que te molesta de tu hermanito? ¿Te enoja que llore demasiado? ¿Te enoja que tengamos que estarlo atendiendo?”



Por otro lado, es importante que reconozcas y valides sus sentimientos diciéndole cosas como: “Entiendo que te moleste oírlo llorar todo el día, pero él aún no puede hablar como tú y esa es la forma en que él se comunica y nos hace saber que algo le pasa o necesita”.



Date tiempo para estar solo con él para evitar que se sienta desplazado o que empiece a sentir rechazo hacia el hermanito menor. También es importante que lo involucres en los cuidados de su hermanito, pero no se lo plantees como una exigencia, o como si fuera su obligación; se trata de que se sienta tomado en cuenta sabiendo que puede cooperar.



Acepta la ayuda que él pueda darte y no le exijas que haga las cosas como tú lo harías, valora sus esfuerzos por ayudarte: “¡Gracias por ayudarme a cambiar a tu hermanito! ¡Él debe de sentirse feliz porque le estás dando su chupete!”
Fuente: psicologiaparaninos.com.com

miércoles, 1 de abril de 2015

Los peligros de poner etiquetas a los niños


Los peligros de poner etiquetas a los niños



¿ Por qué no debemos definir al niño mediante adjetivos despectivos ?

A veces los adultos estamos etiquetando a los niños y ni tan siquiera nos estamos dando cuenta, pero las consecuencias y los peligros de poner etiquetas a los niños son realmente graves para su personalidad y desarrollo de la personalidad (y por supuesto, para su autoestima).

¿ Qué son las etiquetas que se ponen a los niños ?

Las etiquetas son sin duda una falta de respeto hacia los pequeños, que aunque en ese momento no queramos ofenderles lo estamos haciendo, y mucho. Las etiquetas consisten en llamar a los niños de alguna forma por alguna conducta que consideramos molesta o inadecuada como por ejemplo, 'eres un pesado',  'eres un torpe', 'eres un quejica' y un largo etc.

Las etiquetas en los niños no conseguirán que cambien de actitud y lo peor es que sólo harán que se sientan limitados y además, menospreciados. Es una forma de encasillar a los pequeños y es que desgraciadamente acaban creyendo que 'son pesados', 'torpes', 'llorones' y aquello que habías etiquetado simplemente se vuelve realidad, pero porque tú lo has provocado llamándoselo porque aunque sea de forma inconsciente les haces llegar el mensaje de que nunca serán capaz de cambiar a mejor.

Cómo ayudar a mejorar la personalidad del niño

Claro que se puede ayudar a mejorar la personalidad, pero estas etiquetas negativas tendrán que quedar en el olvido de tu vocabulario para respetar a los pequeños y evitar que se sientan menospreciados e incluso acomplejados.

Puedes ayudarles potenciando sus cualidades positivas en lugar de hacerlo con las negativas, de esta manera podrán construir una imagen buena y adecuada de ellos mismos. Además, si le felicitas cuando hace algo positivo en lugar de hacerlo cuando hace algo negativo, estarás reforzando positivamente la conducta adecuada y se repetirá en el futuro. De esta manera, el niño sentirá tu confianza, tu apoyo y se sentirá motiva y querido, algo imprescindible para su buen desarrollo integral.

Recuerda que tu opinión como madre o padre marcará una gran huella en su personalidad y alabarle delante de los demás también es una gran forma de potenciar las buenas conductas. Aunque no se te debe olvidar que si quieres potenciar las buenas conductas en tu hijo, lo primero que tendrás que hacer es sin duda, darles ejemplo.

Frases positivas para educar a tu hijo

Cuando tu hijo no se comporte como es debido en lugar de recordarle lo que hace mal o decir palabras como 'siempre' o 'nunca' es mejor que le digas qué debe hacer, por ejemplo:

- En lugar de decirle 'nunca recoger tu habitación, eres un desastre', es mejor decir algo como: 'recoge tu habitación, seguro que lo harás fenomenal'. De esta manera el pequeño sabe qué se espera de él.

- En lugar de decirle 'eres un pesado', es mejor decir algo como: 'Cuando quieras algo, dímelo una vez y te escucharé'.

- En lugar de decirle: 'eres un llorón', es mejor decir algo como: 'Si te sientes mal y quieres llorar para sentirte mejor no pasa nada, pero dime qué te ocurre para buscarle una solución'.

¿Quieres etiquetar a tus hijos? Hazlo, pero que sean con etiquetas positivas como por ejemplo: 'eres un valiente', 'eres tenaz', 'eres inteligente', etc.

Fuente:guiainfantil.com

martes, 31 de marzo de 2015

¿Por qué es bueno que los niños toquen un instrumento?

¿Por qué es bueno que los niños toquen un instrumento?

Un estudio revela que la práctica musical ayuda además a los pequeños a centrar su atención y a controlar sus emociones.
Según un estudio de la Escuela Médica de la Universidad de Vermont (EEUU), el entrenamiento musical ayuda a los pequeños a centrar su atención, controlar sus emociones y a disminuir su ansiedad. Los científicos concluyen que la práctica musical puede ayudar psicológicamente más a algunos niños que un tratamiento médico y que, por tanto, debería generalizarse desde la infancia.


Los niños que estudian violín o piano podrían aprender algo más que música. Los autores de la investigación, los psiquiatras James Hudziak y Eileen Crehan, afirman que esta es “la más extensa sobre la relación entre la actividad de tocar un instrumento musical y el desarrollo cerebral”. En ella se analizaron los escáneres cerebrales de un total de 232 niños de edades comprendidas entre los seis y los 18 años. 


- Variaciones en el grosor de la corteza cerebral 

A medida que los niños van creciendo, el espesor de su corteza cerebral (la capa más externa del cerebro) sufre algunos cambios. 
  
En análisis previos sobre este aspecto, habían descubierto que el engrosamiento o el adelgazamiento de la corteza en áreas específicas del cerebro, podían indicar la aparición de ansiedad y depresión en los pequeños; de problemas de atención, de agresividad o de control de la conducta; incluso en niños sanos (sin diagnóstico de trastorno o de enfermedad mental). 


- Resultados obtenidos 
  

Sus resultados revelaron que tocar un instrumento altera las áreas motoras del cerebro, porque se necesita el control y la coordinación de movimientos. 
  
Pero no solo eso: se constató que la práctica musical influía en el grosor de una parte de la corteza relacionada con la función ejecutiva (que incluye la memoria de trabajo, el control de la atención y la capacidad de planficación); y también en el de áreas del cerebro que juegan un papel crucial en la capacidad de autocontrol y el procesamiento de emociones. 
  
Hudziak concluye que tocar el violín o el piano puede ayudar psicológicamente más a un niño o niña que lo necesite que un tratamiento médico. “Nunca intentamos usar cosas positivas como tratamiento”, señala. Sin embargo, este estudio ha constatado “la importancia vital de encontrar vías nuevas e innovadoras para hacer que la preparación musical esté disponible por extenso para todos los jóvenes, empezando por la infancia”, afirma el investigador. 


  

- Efectos de la música en la memoria y la inteligencia 
  
En 2006, ya un experimento desarrollado por psicólogos canadienses, comprobó que la enseñanza musical acelera el desarrollo de la corteza cerebral de niños de escuela infantil y primaria, con un efecto positivo sobre la memoria y la atención de los más pequeños. 

  
Los científicos explicaron entonces que esta mejora de la capacidad de memorización -alcanzada gracias a la música- facilitaba a su vez el aprendizaje de la lectura, de la escritura y de las matemáticas, así como el desarrollo de la capacidad de ubicarse en un entorno e incluso el coeficiente intelectual.  



En otra investigación se estableció que los niños que tocan un instrumento una media de dos horas y media a la semana desarrollan un 25% más el cuerpo calloso, la zona que conecta los dos hemisferios cerebrales y que ayuda a la coordinación de ambas manos. 


Fuente: m.tendencias21.net



domingo, 29 de marzo de 2015

¿Por qué tus hijos deberían dormirse todos los días a la misma hora?

¿Por qué tus hijos deberían dormirse todos los días a la misma hora?



Un estudio de la University College London determinó que los niños que se acuestan a la misma hora todos los días, son considerablemente más inteligentes que aquellos que van a la cama a horas distintas cada noche.

En la investigación, publicada en Journal of Epidemiology and Community Health, participaron más de 11.000 niños de 3, 5 y 7 años y se determinó que los niños que se dormían a diferentes horas obtuvieron calificaciones más bajas en pruebas cognitivas de lectura, matemáticas y habilidades espaciales.

En este sentido, los especialistas señalaron que el sueño es crucial para la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para cambiar y modificar su estructura, lo cual nos permite aprender.
Además, en el sondeo también se estableció que el efecto del sueño era acumulativo. Los pequeños que nunca habían ido a la cama a la misma hora obtuvieron un puntaje significativamente más bajo que el resto en todas las pruebas.
Los participantes del estudio eran parte del Millennium Cohort Study, una investigación a largo plazo de los niños nacidos en el Reino Unido entre los años 2000 y 2002. Entre las tareas que les dieron se encontraba leer una serie de palabras en una tarjeta, completar secuencias de números y construir diseños con cubos sólidos siguiendo patrones.


¿Cuánto debe dormir un niño?


Aunque la cantidad de sueño que los niños necesitan puede variar de un pequeño a otro de acuerdo a sus requerimientos energéticos, la Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos recomienda lo siguiente para cada grupo de edad:


   - Recién nacidos: Entre 12 y 18 horas.
   - 1 a 3 años de edad: Entre 12 y 14 horas.
   - Niños en edad preescolar: Entre 11 y 13 horas.
   - De 5 a 10 años de edad: Entre 10 y 11 horas.
   - Adolescentes: Entre 08.05 y 09.25 horas.


Algunos consejos para crear un hábito de sueño

Según recomiendan en Yahoo! Health, crear una rutina de sueño es fundamental para que los niños duerman bien. Para ello es recomendable seguir algunos consejos:

  • Apaga los dispositivos electrónicos, tales como videojuegos, computador y televisor, alrededor de media o una hora antes de acostarse. “Esto le da al cerebro tiempo para relajarse, lo que hace que sea más fácil conciliar el sueño”, señala Suresh Kotogal, especialista de la Clínica Mayo, quien además recomienda mantener los aparatos de este tipo fuera del dormitorio de un niño.
  • Evita que tu hijo consuma alimentos con cafeína, como bebidas cola. Las golosinas como el chocolate también debes evitarlas. Estos productos no deben ingerirse por varias horas antes de acostarse, o incluso suspenderse por completo, ya que pueden perjudicar la conciliación del sueño, o bien, evitar que tu hijo duerma profundamente.
  •  Crea un entorno de sueño. Una habitación oscura, fresca y libre de ruidos molestos es propicia para dormir.
  • Los cuentos y canciones de cuna son algunos de los rituales pre-sueño más efectivos en niños más pequeños. A medida que los niños crecen, es bueno seguir alentándolos a continuar leyendo en las noches o darles su propio espacio de calma antes de dormir.
  •  Una rutina nocturna relajante sin actividades estimulantes puede ayudar a tu hijo a prepararse mentalmente para el sueño.

Fuente: BioBioChile 

¿Por qué un niño es generoso?

¿Por qué un niño es generoso?



Cuando un niño es testigo de un “buen” o “mal” comportamiento, su cerebro registra una respuesta emocional inmediata. A pesar de ello, para él resulta más difícil que para un adulto hacer una evaluación moral en automático y actuar con generosidad, de acuerdo con un estudio publicado en la revista Current Biology.



Psicólogos de la Universidad de Chicago llegaron a esta conclusión tras observar la actividad cerebral de niños de entre 3 y 5 años de edad, mientras eran testigos de escenas positivas y negativas, y decidían cómo tratar a un niño desconocido. A cada uno le dieron 10 estampas y le dijeron que eran regalos que debían conservar. Se les informó, además, que al siguiente niño en llegar no le habían dado stickers, y les preguntaron si alguno quería darle una de sus estampas. En promedio, los niños compartieron dos de sus stickers.




El comportamiento neuronal indicó que sus juicios morales dependían de una combinación de respuestas emocionales inmediatas y de una posterior evaluación de las mismas, pero fue hasta este segundo paso cuando cada niño decidió compartir o no sus estampas. En otras palabras, para actuar de manera generosa los niños deben detenerse a pensar sobre lo que sintieron previamente. Conforme van creciendo, este proceso se va simplificando y es posible que aumente su capacidad de ser generosos.



Estos hallazgos resultan relevantes si entendemos que, al fomentar que los niños reflexionen sobre el comportamiento moral con otros, podrían aumentar las posibilidades de que sean generosos.


Fuente: Revista Quo